
(ella es Shanti, tan radiante, tan sonriente)
Y como siempre se cumple la maravillosa regla de “los que menos tienen dan mucho mas” es de imaginar el comité de bienvenida conformado por hijos, primos, amigos, vecinos y demás familiares y conocidos, evidentemente seguido de deliciosos manjares que degustamos al mas puro estilo nepalí.

Para nuestra buena suerte, ese sábado era luna llena, así que nos toco presenciar un animado festival en Panuti. Enormes carrozas de madera, con un templo a cuestas y repletas de gente, eran arrastradas por todo el pueblo. La gente salía de sus casas a llevar ofrendas (pujas), tiraban agua (pani) desde los tejados y entonaban pegajosas melodías al paso de los armatostes de madera. Hacia el final de la procesión los pasajeros de una carroza lanzaban tika roja a los de la otra carroza… era todo un espectáculo de color y adrenalina.

El regreso a Bhaktapur fue memorable, estaba tan lleno el pueblo por ser sábado (el único día que no se trabaja en Nepal) y por el festival que fu imposible conseguir asiento en el autobús, así que nada mas reconfortante después de un día de multitudes que volver a “casa” en el techo del autobús, rodeada por el fascinante verdor del Valle de Katmandú.