
Curvas y curvas surcan cuesta arriba la colina. Verdor total. Naturaleza total. Bandipur se deja ver, a lo lejos, con tejados rojos que se extienden entre el espesor de las nubes.
Pocos lugares en el mundo transmiten una energía tan especial… me hace sentir que estoy en un sitio mágico… y lo estoy! Estoy en la cima del mundo. A los pies del Himalaya, que se asoma orgulloso pavoneándose de sus nevados ocho miles, punto de partida de memorables expediciones.

(desde mi cama con mosquitera, en una noche sin luz)
Paz, tranquilidad, miradas amables y gestos que invitan a regalar un namaste, una sonrisa, con las manos bien juntas entre el mentón y la barbilla. La escuela se ha quedado en silencio, las risas se expanden por toda la aldea.

Los niños, con sus uniformes blancos o azules llevan una graciosa corbata, muy larga, muy sucia, pero eso si: todos sonríen, te miran, te saludan, te acogen.

El sol se va alejando, salen golondrinas que silban y revolotean como en una danza ritual… es el ultimo rito del día, casi la despedida. De las casitas vecinas emerge humo y olor a comida casera (estarán cocinando dala bat?). Ropas de mil colores pernoctan colgadas en los patios, si no llueve mañana estarán limpias y secas.