Al pasear por uno de los tantos pueblecitos que salpican el Valle de Katmandú, uno se lleva una probadita de India: con sus coloridos Saris, sus Tickas, sus Pujas, con sus ojos rasgados de mirada profunda y sonrisa deslumbrante; uno se lleva, también, una probadita del Tibet: con esos soberbios vestidos que llevan orgullosas las mujeres, que aun viven en el exilio, con sus estupas, sus mantras, sus banderolas de colores que susurran plegarias al aire y sus ruedas de oración que giran y giran al ritmo de miles de peregrinos que circulan dando vueltas alrededor de la estupa en el sentido de las manecillas del reloj.
Uno se lleva, también, una probadita de la grandeza que un día reino aquí... reyes de otros tiempos que irguieron templos y monumentos en una espectacular arquitectura newar.
Nepal es una mezcla... una mágica mezcla de religiones, de razas, de vestimentas, de sabores, de miradas; es una mágica mezcla que reúne lo mejor de cada sitio... es el ombligo que nutre a Asia y se alimenta de la autenticidad que le rodea!

Protegido por valles y majestuosas montañas, guarda celoso una identidad que no es propia, ni ajena; no es heredada, ni robada. Surge de entre sus campos, de entre sus nubes y paisajes, una identidad que lo lace tan similar y, a la vez, tan diferente de sus poderosos vecinos.

Nepal no es solo Nepal... es la mágica mezcla de todo lo que lo rodea! irónicamente, eso es lo que lo hace UNICO: que es un poquito de todos y un todo de poquitos!
